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El santo rosario
Con esta bella oración, dedicamos una alabanza a María. Cada vez que rezamos el rosario, es como juntar una rosa fresca y fragante hasta formar un hermoso ramo que ofrecemos a María para decirle que le amamos y que la queremos mucho.


Por: Francisco Arriola, LC | Fuente: Catholic.net





Esta oración tan poderosa tiene un origen muy sencillo. Hasta el siglo XI se usaban piedrecillas o cordones con nudos para repetir alabanzas a la Santísima Virgen. Hasta este siglo sólo se conocía la primera parte del Avemaría, a la que se le añade el nombre de ´Jesús´ para indicar el sentido cristológico de la oración. Se comenzaban a intercalar los padrenuestro entre el rezo de cincuenta, cien o ciento cincuenta avemarías. El primer nombre que tuvo esta práctica de piedad fue el de ´Salterio de la Bienaventurada Virgen María´. Fue el monje cartujo Domingo Hilarión de Prusia (†1461) quien le dio el nombre de ´Rosario´ al ya conocido rezo de las decenas de avemarías y padrenuestros intercalados. El nombre de Rosario lo tomó por la advocación mariana de ´Rosa Mística´. Este mismo monje cartujo comenzó a introducir la meditación de los misterios de la vida de Cristo y los dolores de María. El dominico Jacobo Sprenger (1436 – 1495), catedrático, distribuyó los misterios del rosario entre gozosos, dolorosos y gloriosos. Fue el Papa dominico Pio V quien, -dos años antes de la batalla de Lepanto- fijó su forma en los 15 misterios hoy tradicionales. Pio V atribuye la victoria, en Lepanto, de las fuerzas navales cristianas contra superiores fuerzas invasores musulmanes al rezo del Rosario en toda cristiandad, e instituye la fiesta ´Virgen María de la Victoria´ (luego N. Sra. del Rosario) para conmemorarla. El Papa Clemente XI, en 1716 extiende esta fiesta a toda la Iglesia, y Pío X fija la fiesta para el día 7 de octubre.

Algunos papas se han caracterizado por su piedad mariana y su devoción al rezo del santo Rosario. El Papa Pio XII lo llamó ´Compendio de todo el Evangelio´. Juan XXIII lo describió como ´Evangelio de los pobres´. Pablo VI ´Síntesis del Evangelio´. Nuestro beato Juan Pablo II dijo que era su ´oración preferida´.

Esta bella oración se ha convertido en un medio eficaz para alcanzar todo tipo de gracias por intercesión de nuestra Madre Santísima. Pero no sólo ha sido una ayuda para nosotros, sino también un modo de conocer a Cristo por medio de María. Con esta bella oración, dedicamos una alabanza a María. Cada vez que rezamos el rosario, es como juntar una rosa fresca y fragante hasta formar un hermoso ramo que ofrecemos a María para decirle que le amamos y que la queremos mucho. En las letanías le decimos los piropos y halagos con los que un hijo más puede enternecer a una madre. El rosario entero es como un incienso que sube de nuestros labios para honrar a nuestra querida Madre.

Pero Ella no se deja ganar en generosidad, y también nos llena con sus ternuras y caricias maternales, cubriéndonos con su manto y alejando de nosotros los ataques del maligno. Ella es nuestra fiel protectora, y cuando la invocamos en el rosario, viene al instante en nuestra ayuda. Por cada avemaría recibimos sus caricias, sus bendiciones, su protección y una fuente inagotable de consuelo. La fuerza que Dios ha querido dar a esta oración, es incalculable, casi omnipotente, pues Cristo nunca niega nada a su Madre Santísima cuando intercede por nosotros. De ahí la necesidad de rezar con fervor el santo rosario, de pedir por los demás, de convertirnos también nosotros en intercesores de gracias para los demás a través del rezo de esta poderosa arma que es el Santo Rosario.

Cuanto más lo rezamos, más descubrimos su hermosura y el contenido tan variado que tiene. El rosario es un instrumento para ayudar Cristo y a María para evangelizar el mundo. Es una meditación de los pasajes bíblicos y evangélicos que nos hablan de la historia de la salvación por medio de los misterios de nuestro Señor Jesucristo y lo conocemos cada vez más a Él. También saludamos y felicitamos a María nuestra Madre. Aprendemos a meditar, a contemplar los grandes misterios de nuestra fe y al mismo tiempo nos educa en la fe. Nos prepara para vivir en plenitud y con serenidad todas las etapas de nuestra vida, pues contiene los misterios de gozo, de luz, de dolor, de gloria y alegría. Nos ayuda a ser constantes y organizados para poder rezar como se debe. Es una oración que nos une tanto física como espiritualmente con nuestros seres queridos, con las personas que nos rodean y con quienes nos acompañan en el rezo del rosario en comunidad o individualmente. El rosario es, en definitiva, la continuación de la liturgia, en especial de la Eucarística, pues como María hacía, nos invita a guardar todo en nuestro corazón y a prepararlo para recibir a Jesús sacramentado.

Es tanto lo que podríamos decir de este maravilloso medio que Dios nos ha dado para honrar a María y beneficiarnos de su intercesión y de las gracias y dones que esta oración nos alcanza. Es una magnífica arma de defensa, arma de paz y signo de amor y de cariño filial. Quien lo ha rezado con devoción y fe, ha quedado prendado de su belleza, de su sencillez y de su profundidad. Y todos hemos quedado maravillados al contemplar los prodigios y milagros con que Dios nos bendice. Con el rezo del rosario, se han ganado batallas, como en Lepanto, pero son más las que se han ganado en el corazón de cada ser humano por ser más de Dios, por vencer las tentaciones del maligno y por llegar a la vida eterna.

Es importante saber y creer que somos escuchados por la más tierna y dulce Madre, por la más poderosa intercesora delante de Dios y por nuestra más solícita protectora. Que el rosario sea nuestra oración por la que nos acerquemos más al Corazón de Jesús, por medio del Inmaculado Corazón de María. Que este mes sepamos difundir esta bella alabanza y la recemos con más asiduidad y con más fervor. Que el santo rosario sea nuestra bandera de salvación con la que entremos un día al cielo para vivir eternamente gozando de Dios en el regazo maternal de nuestra Santísima y amorosísima Madre María.



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